sábado, 30 de septiembre de 2017

Otros

Se mata
Alejandro Sicardi

Miré en tus ojos el odio
miré la sangre en tus manos
temblando en roja venganza
aquel cuchillo oxidado

sentí el ardor en mi pecho
goteaba vida en la sala
mi lengua se hizo cemento
se hizo de hielo mi espalda

sentí caer el acero
sentí estallar la conciencia
me fui apagando sabiendo
lo frío de la sentencia

Yo se, lo que no sirve se mata
los que no sirve se mata
aquí lo que no sirve se mata

Así se hicieron gobiernos
así se ganan batallas
así se tumba una selva
así la tierra se gana

así se vive sin moscas
así se cobra la mafia
así se venden las pieles
así el testigo se calla

Yo se, lo que no sirve se mata
los que no sirve se mata
aquí lo que no sirve se mata

Así se caen los peones
y las empresas se afianzan
así se ganan acciones
así se prueban las armas

así se hicieron modelos
así los credos perduran
así se hicieron banderas
así se extinguen las razas
  
Miro al techo, siento pasos
ya me veo, reposando

Yo se, lo que no sirve se mata
los que no sirve se mata
aquí lo que no sirve se mata


Poema 17
Antonio Guerrero - Alejandro Sicardi

Aquello fue seguro, peligroso,
áspero, tierno, tímido, atrevido,
 vivaz, mortal, liberal, escondido,
complaciente, indeciso, receloso,

alentador, romántico, furioso,
alegre, triste, poco, desmedido,
traicionero, leal, grato, aburrido,
perturbador, calmado, sigiloso,

fue bajar al infierno desde el cielo,
fue beber un veneno como un vino,
fue cambiar el provecho por desvelo
y se fue haciendo tarde sin anuncio,
sin luna, sin augurios, sin destino,
pero aquello fue amor y no renuncio.


Guaymallén es vendimia
Lucio Albirosa - Alejandro Sicardi

El proficuo Guaymallén no duerme,
lo incendian versos y tonadas,
le ronda un misterio de Baco
y aromas eternos de la danza.

Ya se iluminan los racimos,
los surcos en estrellas se bañan,
el vino irá llenando las copas,
brotarán los sarmientos del alma.

Canta y ríe el parral florecido
iluminando viejas distancias,
eternizada vibra una cueca
de antiguos bueyes y tinajas

Un manantial abraza sus cepas,
los varietales escriben su historia.
La luna mirándose en sus acequias
embriagada volviose ya de gloria.

Abre sus ojos la nueva vendimia,
la cosecha vierte sus alabanzas
en toneles desbordando alegrías
con trova de Hilario y su magia.
Los duendes vienen cantando,
Armando vuelve en guitarras
por aguas del canal prodigio
de los caciques y nostalgias.

Guaymallén de huarpe sangre:
en espalda de hileras proclamas
la total labor de tus hombres
con brindis terrenal de esperanza.

El sacrificio nace en tu sudor;
emblema ancestral de labranza,
arado en tierra y uva nueva,
rostro de sol, estirpe y azada.

Guaymallén se vuelve vendimia,
celebra entre cuecas y tonadas,
sus poetas van recitando, vida,
el vino naciente de sus entrañas.


Ofrenda al olivo y el vino
Lucio Albirosa - Alejandro Sicardi
Canción Ilustre del departamento de Maipú

Labrador del Maipú mendocino:
que brote de tu garganta el canto a esta tierra
para celebrar entre la verde crispancia del olivo
el trago largo vertido en la infinita cosecha;
que se desparramará en el trinar de las cuerdas
y se volverá vino de gloria en cuna de esta ofrenda.

Terruño profeta de la tanta cosecha iluminada
donde Tormo se hizo tonada del vendimiador;
por tus hileras fluyen sollozos del dichoso cultivo,
 de tus racimos brota la esperanza de esta canción.

Caudal labrador bendecido por rayos de sol,
melodía del surco, la zapa y el bendito olivo;
elevándose en la piedra de tu originaria cruz
para perdurar en el mito de la sangre y el vino.

Un fogón de huarpes encendido en la noche
canta a tus bodegas, tus manos, rostro de luz;
pregonan tu historia y al sudor del inmigrante,
a tu luna andante, a tu nombre amado Maipú.

General Gutiérrez, Luzuriaga, la Capital,
Rusell, San Roque, Coquimbito y Cruz de Piedra,
Barrancas, Lunlunta, Rodeo del Medio,
 Fray Luis Beltrán y General Ortega;
llenan sus copas, cubas, vasijas y tinajas
 despertando la alegría que tus hijos celebran.

Andarán cantando alegres los cosechadores
oyendo un canturrear del agua entre las hileras,
 mujeres trabajadoras esparcerán coronas de belleza
en la danza trajinada de aceitunas, tachos y tijeras.

Perdurará sobre el tiempo este cantar cuan perlino,
cantarán los abuelos, los niños, la dichosa juventud,
Cante dichoso, compadre, esta ofrenda al olivo y el vino
que abrazará cada entraña del bien amado Maipú.




Te invito a mi entierro
Alejandro Sicardi

Te invito a mi entierro
Que nunca me ha de enterrar
Pues no hay tierra y no hay flores
Ni una tumba que llorar
Una lápida incompleta
Un camino sin andar

No hay parientes, no hay herencia
No hay cadáver, ni cajón
Ni siquiera condolencias
Ni velorio, ni razón
Ni el que dice que eras bueno
Ni el que finge su emoción

No hay discursos de algún cura
Ni una viuda pa’ casar
Ni un amigo acomedido
Ni una amante que extrañar
Ni una caja con cenizas
Adornando el modular

Yo no soy de duelo
Soy de agónica esperanza
Soy un hueco en la conciencia
Del gatillo de callar
Mi tumba es papel de foto
Y mi sueño la verdad

No encuentro el descanso
Ni siquiera tengo paz
Soy recuerdo tras la puerta
Que se cerró y no se abrió más
Soy parte del argumento
de una historia escrita ya

No me han vestido
Para muda exhibición
Ni han lustrado el negro duelo
Con brillante ostentación
No han valuado mis gusanos
Ni parcela tengo yo

Yo invito a mi entierro
Al que ve y no quiere ver
Al que ilustra el mundo nuevo
Con la sangre en el pincel
Al que siembra olvido y miedo
Y lo cosecha alguna vez




Tonada pal’ funcional
Alejandro Sicardi

Le voy a contar una historia
y no mire para otro lado
usted se fue muy apurado
pero yo bien lo conozco
entre homenajes y fotos
se abrazó al poder de turno
y fue afinando el discurso
pa’ no ofender a quien lo mantiene
usted es de los que entretienen
pa’ quel’ cocinero haga lo suyo

Hoy aparece disfrazado
de pancartas, carteles y folletos
se fue tan lejos de los nuestro
que apeló a su memoria
y cuenta su lucha en la historia
y que nunca nos olvidó
y así de a poco se gano
la foto abrazando al niño
el aplauso y el cariño
de ilusos representados

Esta tonada es para usted
que nunca ha sido compadre
usted vendió hasta su madre
pa’ sentarse en ese sillón
yo le canto la canción
que ganó por merecimiento
y según mi entendimiento
se olvidó de donde ha salido
usted dejó a su pueblo hundido
pa’ salvar su embarcación.

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